Día 20 de marzo de 2006. 7:40 de la mañana. Estoy aún en la cama. Me he despertado antes de que sonase el despertador. -Entra mi madre- -Venga María, date prisa, el coche llegará en poco rato. Me dispongo a vestirme. Miro por la ventana y veo que hace un buen día aunque como aún es temprano hay niebla, así que cojo un vestido cualquiera y bajo a desayunar. -María venga, ¡tienes todo recogido? ¿se te olvida algo? -Sí mamá, tengo todo recogido, pero no quiero irme. -Ya lo hemos hablado, te tienes que quedar con tu padre, con él llevarás una vida más cómoda –suspira- yo no te puedo a penas alimentar. Para mí tampoco es fácil María, pero no queda otra. Me quedo callada. Sé que ella también lo está pasando mal y si hablo será como meter el dedo en la yaga. Escucho el motor del coche. Ha llegado la hora. Me despido de mi madre. -Sabes que nos veremos los fines de semana, no estés así. -Lo sé, pero odio a su mujer. -Venga, no pasa nada –dice mientra...